Al final, estos factores no afectan a los grandes valores que ilustran
el estado de salud de una población, como la esperanza de vida y la tasa
de mortalidad. 'Unos factores favorecen a la población rural y otros a la
urbana, así que unos y otros se compensan', explica Fernando Pérez
Escanilla, director de la investigación.
El estudio ya ha concluido su primera fase, que se ha centrado en el
estado de salud de los habitantes de 25 localidades de 11 comunidades autónomas,
con una población total de 37.813 habitantes. La investigación, la más
ambiciosa realizada hasta la fecha sobre la salud de la población rural,
fue presentada en el reciente congreso de la Sociedad Española de
Medicina General, celebrado en Madrid el pasado mes de junio. A partir de
ahora, los investigadores extenderán su trabajo a otros 200 pueblos españoles.
Lo primero que ha puesto de manifiesto este trabajo es que la población
rural está más envejecida que la urbana. Así, el porcentaje de
habitantes del campo de más de 65 años era en 1997 del 22,64%. La media
nacional ese año era siete puntos más baja, el 15,5%. Por ello, aunque
la tasa de mortalidad era en 1997 un punto más elevada en el campo (el
9,86 por 1.000, mientras que la media española era del 8,85 por 1.000),
esta diferencia 'se explica por la mayor edad de la población rural',
afirma el autor.
Los investigadores han seguido dos líneas de trabajo. La primera ha
consistido en monitorizar la prevalencia de 13 enfermedades o factores de
riesgo en la población rural. La segunda, en analizar las causas de los
2.575 fallecimientos registrados en los pueblos estudiados entre 1991 y
1997. Estos resultados han sido comparados con las respectivas medias
nacionales.
Las dolencias estudiadas (cáncer de pulmón, mama y próstata;
diabetes; hipertensión; infarto de miocardio; toxicomanías; cuadros
depresivos-ansiosos; asma; brucelosis; gastroenteritis, y tuberculosis)
han sido elegidas porque 'todas ellas ilustran hábitos de vida o
carencias sanitarias que inciden en el estado de salud de la población
rural', según Pérez Escanilla. La primera conclusión importante ha sido
que los habitantes rurales tienen el 10% menos de posibilidades de morir
de cáncer. Así, mientras que el 25,2% de las muertes registradas en España
cada año se deben al cáncer, entre los pueblos estudiados este
porcentaje se reduce al 22,69%.
No todos los cánceres, sin embargo, afectan por igual en el campo y en
la ciudad, ya que mientras que algunos (como los de colon, estómago y próstata)
presentan tasas de mortalidad muy similares en los dos medios, en otros
las diferencias son abismales. El porcentaje español de mortalidad por cáncer
de mama, el 5%, es el doble del registrado en los pueblos estudiados, el
2,41%. La diferencia aún es mayor en el cáncer de pulmón: el 2,4% en el
campo por el 7,9% de media nacional.
'Son muchos los factores que influyen en la aparición y el desarrollo
de un cáncer, pero sin duda algunos de ellos son ambientales, como la
exposición a sustancias contaminantes o el distinto ritmo de vida que se
da en una ciudad y en un pueblo. De estos datos, hay que concluir que los
factores ambientales que influyen en el cáncer juegan a favor de la
población rural', afirma Pérez Escanilla.
Vivir en el campo, sin embargo, tiene sus inconvenientes. Uno de ellos
es el retraso de los servicios de emergencia cuando una persona sufre una
crisis cardiovascular aguda. Un solo dato lo ilustra: el 45,98% de los
fallecidos en el campo mueren por un infarto de miocardio o cerebral o por
una trombosis, 7,5 puntos más que la media nacional (un 37,5%).
'Ésta es una de las grandes asignaturas pendientes de la sanidad pública
española', asegura Pérez Escanilla. 'Estos datos quieren decir que una
de cada cinco personas que sufren crisis cardiovascular en el campo morirá
porque la ambulancia llegará demasiado tarde a atenderle'. El tiempo de
intervención medio de los servicios de emergencias en los 25 pueblos
estudiados es de 48 minutos, frente a los 10 minutos registrados en
Madrid, según el estudio.
La incidencia de las enfermedades infecciosas también es notablemente
superior en el campo. Así, el 15% de los fallecidos en el ámbito rural
mueren por una infección respiratoria, mientras que en el urbano ese
porcentaje es de casi la mitad.Esta proporción se mantiene también en la
prevalencia de las enfermedades infecciosas estudiadas (tuberculosis,
brucelosis y gastroenteritis). 'Varios factores lo explican. Primero está
la mayor exposición a las inclemencias meteorológicas y a todo tipo de
focos infecciosos que se da en el campo, en comparación con un medio
urbano, que está más contaminado pero es más aséptico.También influye
el mayor consumo de agua de pozos y manantiales y el de alimentos sin ningún
tipo de control sanitario, con el lógico riesgo de contaminación
bacteriológica. Finalmente, están las peores condiciones de
habitabilidad de muchas viviendas rurales', explica Pérez Escanilla.
La investigación apunta que el asma afecta a la mitad de habitantes
rurales que urbanos (el 2,58% por el 5%), pero que la mortalidad por
dolencias renales en el campo duplica la que se registra en la ciudad (el
3% por el 1,48%). En cambio, no hay diferencias significativas en la
prevalencia de la diabetes, en torno al 5% en ambos grupos de población.
Terminada la primera fase de la investigación, los autores del estudio
se muestran convencidos de que 'el método utilizado ha demostrado su
validez para conocer el estado de salud de la población rural'. Los dos
objetivos principales son 'conocer las carencias sanitarias que afectan a
la población rural, lo que permitirá a las autoridades dar prioridad a
las inversiones en estas zonas, y dotar a los médicos rurales de una guía
para atender las necesidades de la población', afirma Pérez Escanilla.