Los virus de
la gripe presentan una segunda característica profundamente preocupante
para la salud pública: la cepa gripal A, incluidos los subtipos de
diferentes especies, pueden intercambiar o «re-combinar» el material
genético y fusionarse. Ese proceso de recombinación, conocido como
«cam-bio» antigénico, desemboca en unnuevo subtipo distinto de los
dos virus originales. Como las po-blaciones carecen de inmunidad frente
al nuevo subtipo, y como no hay ninguna vacuna que confie-ra protección
contra él, el cambio antigénico ha dado lugar a lo largo de la
historia a pandemias al-tamente mortíferas. Para que ello ocurra, el
nuevo subtipo ha de poseer genes de los virus de la gri-pe humana que le
permitan transmitirse fácilmente de una persona a otra durante periodos
sosteni-bles.
Se considera
desde hace tiempo que la existencia de poblaciones humanas que viven en
estrecho contacto con aves de corral y cerdos domésticos es un factor
que favorece el cambio antigénico. Como los cerdos son vulnerables a la
infección tanto por virus aviares como por virus de mamífero,
incluidas las cepas humanas, esos animales pueden hacer las veces de
«tubo de ensayo» de mezcla del material genético de los virus del
hombre y de las aves, del que emergería así un nuevo subtipo. Sin
embargo, algunos acontecimientos recientes han permitido identificar
otro mecanismo posible: existen cada vez más indicios de que, al menos
para algunos de los 15 subtipos de virus de la gripe aviar que circulan
entre las poblaciones de aves, la propia especie humana podría servir
de «tubo de ensayo». Más >>>