Las aves acuáticas
migratorias - en particular los patos salvajes - constituyen el
reservorio natural de los virus de la gripe aviar, y esas aves son también
las más resistentes a la infección. Las aves de corral domésticas, en
particular los pollos y los pavos, son especialmente vulnerables a esas
epide-mias de gripe fulminante.
El contacto
directo o indirecto de las aves domésticas con las aves acuáticas
migratorias salvajes se ha citado como una causa frecuente de epidemias.
Los mercados de animales vivos son otro esla-bón importante en la
propagación de esas epidemias.
Investigaciones
recientes han demostrado que los virus de baja patogenicidad pueden,
después de estar circulando durante periodos a veces breves en una
población de aves de corral, mutar y trans-formarse en virus hiperpatógenos.
Durante una epidemia que se produjo en 1983-1984 en los Esta-dos Unidos
de América, la cepa H5N2 causó inicialmente una baja mortalidad, pero
en sólo seis meses adquirió una alta virulencia, con una mortalidad
cercana al 90%. Para controlar el brote hubo que sacrificar más de 17
millones de aves, lo que costó casi US$ 65 millones. Durante una
epide-mia que sufrió Italia en 1999-2001, la cepa H7N1, inicialmente de
baja patogenicidad, había muta-do al cabo de nueve meses en una
variante hiperpatógena. Más de 13 millones de aves murieron o fueron
sacrificadas.
La cuarentena
de las granjas infectadas y el sacrificio de las poblaciones infectadas
o potencial-mente expuestas son medidas de control habituales para
prevenir la propagación a otras granjas y el eventual arraigo del virus
en la población de aves de corral de un país. Además de ser altamente
contagiosos, los virus de la gripe aviar se transmiten fácilmente de
una explotación a otra por me-dios mecánicos, como los equipos, vehículos,
pienso, jaulas o ropa contaminados. Los virus alta-mente patógenos
pueden sobrevivir durante largos periodos en el ambiente, sobre todo a
temperatu-ras bajas. Así y todo, aplicando unas medidas estrictas de
saneamiento en las granjas se puede lo-grar cierto grado de protección.
En ausencia de
unas medidas de control rápidas respaldadas por una buena vigilancia,
las epidemias pueden durar años. Por ejemplo, una epidemia de gripe
aviar por H5N2 que se declaró en México en 1992 comenzó con una baja
patogenicidad, pero evolucionó hacia una forma altamente mortífera y
no se pudo controlar hasta 1995. Más
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