En su edición de
16 de enero, la prestigiosa revista NewScientist
(ver http://www.newscientist.com/dailynews/news.jsp?id=ns9999311)
revela que unos investigadores
australianos crearon por error un virus manipulado genéticamente
muy peligroso, a partir de un virus de la viruela del ratón.
Este virus modificado mata a cada una de sus víctimas
borrando parte de su sistema inmunitario. No afecta
directamente a los humanos pero está muy relacionado con la
viruela lo que hace temer por la utilización de la
biotecnología a fines bélicos.
La intención primaria del
experimento era de descubrir una vacuna contraceptiva para
el ratón. Para esto los científicos insertaron al virus de
la viruela del ratón un gen ajeno (IL-4) con el fin de que
se crearan anticuerpos contra los óvulos y, de este modo,
se esterilizan los ratones. La sorpresa fue que este virus
modificado aniquila totalmente el mecanismo celular que
permite al sistema inmunitario defenderse contra las
infecciones vírales.
La viruela en el tipo de ratones
utilizado para el experimento causa normalmente síntomas
leves. En cambio, con el gen añadido, mató a todos los
animales en nueve días. Uno de los investigadores, Jon
Jackson de la CSIRO's wildlife division en Camberra
(Australia), dijo que "sería prudente asumir que si a
un imbécil se le hubiera ocurrido poner el gen IL-4 humano
en el virus de la viruela humana, le hubiera incrementado su
poder mortal drásticamente. Viendo las consecuencias sobre
los ratones, no soy yo a quien le gustaría hacer este
experimento."
Además, el virus manipulado genéticamente
se reveló particularmente resistente a las vacunas. Una
vacuna que protege normalmente los ratones contra los
efectos de la viruela se mostró eficaz solamente en la
mitad de los ratones expuestos al virus modificado. Ann
Hill, investigadora especializada en vacunas en la
Universidad de Oregon (Estados Unidos), declaró que
"es sorprendente ver lo muy, muy malo que es este
virus.
Si unos bioterroristas crearan una
versión humana del mismo, los programas de vacunaciones
resultarían ser de utilidad limitada."
Los departamentos de defensa también están preocupados.
Primero porque las vacunas como protección contra las armas
biológicas ya no son válidas si es que, con la ingeniería
genética, se puede fabricar un virus o una bacteria a
medida. Por otra parte, se plantea la conveniencia de
publicar este tipo de estudios en revistas accesibles a
todos, por el temor a que caigan en malas manos. Los dos
científicos australianos autores del trabajo consultaron al
Departamento de Defensa de su país antes de publicar la
noticia.
Jackson declaró: "Quisimos
avisar al público en general de que esta tecnología
potencialmente peligrosa está disponible.
Queremos que quede claro
dentro de la comunidad científica que hay que ser
cautelosos, que no es tan difícil crear organismos
peligrosos."
Aunque está noticia haya
pasado bastante desapercibida, pensamos que llama a unas
reflexiones profundas, tanto sobre la biotecnología en sí
como sobre su utilización para fabricar armas.
El primer aspecto, y seguramente
el más ligero de todos los que se abordarán aquí, aunque
ya en sí mismo bastante grave, es el de la seguridad de los
Organismos Modificados Genéticamente (OMG) que se están
produciendo, cultivando y comiendo en todo el planeta.
Actualmente se sabe muy poco sobre
el comportamiento de un gen insertado de una especie a otra.
Este gen, además del efecto deseado, puede traducirse en
modificaciones indeseadas e impredecibles, a mayor razón
cuando el OMG está liberado en ecosistemas complejos y se
reproduce, transfiere sus genes o evoluciona de manera
incontrolada (1). A pesar de los discursos tranquilizadores
de las compañías biotecnológicas y de los poderes públicos
que autorizan la utilización de los OMG en la agricultura y
la alimentación, todavía no se ha probado científicamente
la inocuidad de estos productos (2). Por otra parte, los
efectos potencialmente peligrosos para el medio ambiente son
de diversas índoles: contaminación del suelo, efectos
sobre animales, resistencia de las plagas atacadas mediante
ingeniería genética, transferencia de genes con resultados
imprevisibles, etc. (3).
Si la seguridad de los OMG no está
asegurada, es lógico pensar que es imprescindible contar
con un sistema eficaz de responsabilidad civil para cubrir
los casos de daños al medio ambiente o a la salud humana.
Actualmente la normativa europea carece de un marco legal
que permita aplicar el principio de "quien contamina
paga". La revisión de la Directiva 220/90 sobre la
liberación intencional en el medio ambiente de los OMG
llevada a cabo durante el año 2000 no incluyó este aspecto
fundamental, con la excusa de la futura aprobación de una
Directiva sobre responsabilidad ambiental. Sin embargo, esta
futura Directiva tardará todavía años en ver la luz y al
ser general, no tratará con la especificidad necesaria el
campo muy particular de los OMG. En el transcurso del año
2000, se produjeron varios casos de contaminación
accidental por OMG en distintos países de la Unión Europa.
(ver www.foeeurope.org/biotechnology/boletin.htm).
En ninguno de ellos las
empresas responsables de la puesta en el mercado de los OMG
contaminadores han tenido que responder de sus actos ante la
justicia ni han sido obligadas a pagar compensaciones por
los daños causados. La falta de un marco normativo adecuado
sobre responsabilidad implica que de momento, son los
afectados o los poderes públicos quienes tienen que
soportar los costes de las contaminaciones. (ver www.tierra.org/transgen4down.htm).
Los poderes públicos ya han
mostrado su falta de eficacia en
la protección de las
poblaciones frente a unos peligros
potenciales. El escándalo
de las vacas locas da un ejemplo
perfecto de un caso de
negligencia e incluso ocultación de
datos por parte de un
gobierno para proteger intereses
industriales (4). En este
contexto, uno se puede legítimamente
preguntar si realmente
los mecanismos actuales de análisis y
gestión de riesgos
son válidos (5). Además, este escándalo pone en evidencia
que el peso de los intereses económicos
está realmente
desproporcionado frente a los intereses de
los ciudadanos, lógica
en la que entra perfectamente la introducción de los OMG en
la agricultura y la alimentación.
El experimento de los investigadores australianos nos lleva
a
plantearnos tres aspectos fundamentales relacionados con
las manipulaciones genéticas. ¿Hasta dónde puede ir la
ingeniería genética, desde un punto de vista moral y ético?
¿Cuáles pueden ser los mecanismos para controlarla? ¿Quién
se puede otorgar el derecho de decidir sobre las dos
cuestiones anteriores?.
En definitiva, si asumimos que la
biotecnología tiene efectos beneficiosos para la humanidad,
¿con que mecanismos podremos evitar sus efectos
desastrosos, entre ellos la aparición de armas
biotecnológicas?