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Reflexiones
y recomendaciones sobre la poda de frutales |
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V. Urbina,
J. Dalmases y M. Pascual. Departamento de Hortofruticultura B. y
J. ETSIA. Universidad de Lleida. |
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Ante la
nueva campaña de poda invernal se plantean una serie de
consideraciones que pueden ser de utilidad para el fruticultor a
la hora de tomar decisiones en la planificación de la poda y en
la ejecución de las diferentes intervenciones que se llevan a
cabo sobre el árbol. |
| La poda es una de las actividades
más importantes que se realizan en la plantación, puesto que tiene una
incidencia fundamental sobre la producción. Aunque con la introducción
de nuevas técnicas, como la aplicación de reguladores de crecimiento,
se intenta reducir su trascendencia, la poda sigue siendo, para la mayoría
de especies frutales, uno de los pilares básicos en los que se
fundamenta una buena producción. Claro está, que la poda no puede
suplir las deficiencias en otras actividades también claves, como el
riego, la fertilización y la protección fitosanitaria del cultivo. Por
lo tanto, su importancia debe contemplarse dentro de un conjunto
integrado de técnicas.
La finalidad de la poda se
puede concretar en los siguientes puntos:
1) Inicialmente, conseguir una
estructura del árbol adecuada a la tecnología de
producción adoptada
en la explotación, de forma que permita la máxima
eficiencia y
eficacia de la planta con un manejo lo más económico posible. |
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2) Posteriormente, regular la
vegetación y mantener la estructura productiva del árbol en buenas
condiciones.
3) Regular la producción en base
a los criterios de calidad establecidos.
4) Favorecer la respuesta del árbol
respecto a la interacción con los factores del medio (principalmente
con la luz), y facilitar la aplicación integrada de técnicas de
protección y manejo del cultivo.
Evidentemente, se deben
diferenciar dos tipos conceptuales de poda, con objetivos diferentes,
como son la poda de formación y la poda de fructificación, si bien se
reconoce que es preciso practicar estas podas de forma integrada en el
árbol, porque así lo exige la necesidad de conseguir una mayor
precocidad de la plantación. Entiéndase que la precocidad no consiste
en lograr sólo una rápida entrada en producción, sino en alcanzar rápidamente
y de forma estable los rendimientos previstos para la fase de plena
producción.
La poda arte y técnica
Siempre se ha dicho que la poda es
una actividad creativa, dado que no tiene una solución única, ni para
el conjunto del árbol ni para cada una de las intervenciones que se
realizan. Pero para podar bien se requiere, más que creatividad,
conocimientos sobre las características vegetativas y productivas del
árbol. Es decir, que la poda, aunque tenga algo de arte plástica, debe
basarse en el conocimiento de la fisiología de la planta y en los
objetivos de la explotación, y no en la estética.
La creatividad del podador queda
muy limitada por las necesidades específicas de cada variedad y por los
objetivos de la explotación. Incluso en la poda de formación debemos
pensar más en el desarrollo de la planta que en la estética del diseño.
Si podemos conseguir los objetivos
de producción con una forma simple, ¿por qué complicar la estructura
de la planta y las labores de ejecución? No debe considerarse la
estructura y la forma del árbol como objeto principal de la poda.
Las estructuras geométricas y
forzadas que tanto se preconizaron en años pasados, y que cumplieron
con el objetivo de lograr mejores producciones que con los sistemas
previamente utilizados, han dado paso en la actualidad a estructuras más
naturales o libres. Aunque también podemos encontrar excepciones
justificadas con unos objetivos muy concretos, como son las formaciones
"Solen" o "Tesa" en manzano, o formas en dos planos
en uve ("Tatura") en peral o cerezo.
Definición de objetivos de
poda
Aunque pueda parecer obvio,
resulta imprescindible concretar claramente los objetivos de poda cada
campaña. Sin ellos, a menudo, suele caerse en la aplicación de prácticas
tradicionales o habituales que, no siendo incorrectas en sí mismas, se
ajustan poco a las necesidades presentes de una plantación concreta.
| Así pues, propugnamos la
necesidad de definir cuáles son los objetivos que se pretenden alcanzar
mediante una actuación tan importante como la poda. Este ejercicio
obligará, al menos, a realizar un diagnóstico de la situación actual
de cada parcela, a partir del historial productivo y de las incidencias
de las últimas campañas. El análisis de esta información permitirá
realizar un balance de errores y aciertos sobre la parcela que ayudarán
a precisar el estado actual de la plantación y orientarán sobre las
intervenciones a emprender.
Está claro que, en primer lugar,
es necesario situar la plantación en relación a la fase productiva en
la que se encuentra, según la edad y el desarrollo vegetativo alcanzado
hasta el momento por los árboles. Ello permitirá establecer si el
marco global de la poda debe orientarse hacia un contexto dominado
mayormente por la poda de formación, o, al contrario, por una poda
productiva; si bien se reconoce que nunca finalizan las actuaciones de
estructuración del árbol.
A menudo, en la fase de plena
producción prevalecen criterios de reestructuración del árbol, cuando
la poda debería tener un carácter prioritariamente productivo. |
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Ésta
equivocada priorización se acostumbra a justificar en base a razones
de: "equilibrio del árbol", "iluminación",
"aireación", "penetración de tratamientos
fitosanitarios", etc., y aunque son argumentos sólidos y
fundamentados, no debe olvidarse que la plantación está para producir,
por lo que no se puede estar año tras año poniendo como criterio
principal la formación del árbol. Y lo mismo sucede a la inversa: las
ganas de entrar en producción y de recoger los primeros frutos,
conducen con demasiada precipitación a actuaciones como arqueamientos y
a dejar un exceso de ramas productivas, cuando el árbol debería todavía
crecer en todas sus dimensiones para alcanzar el volumen productivo
previsto; condición obligatoria para asegurar futuras producciones
elevadas y sostenidas en el tiempo. No debe olvidarse que todas las
actuaciones durante la primera fase de desarrollo de los árboles deben
tener como objetivo ineludible una función: maximizar la biomasa por
unidad de tiempo y unidad de superficie; claro está, con la mejor
estructura potencial, con la máxima sanidad posible, al menor coste,
etc., pero sin equivocar las prioridades.
No aplicar la poda adecuada según
el estado de desarrollo de los árboles, ya sea en un sentido o en otro,
conlleva invariablemente a graves consecuencias sobre el rendimiento de
las parcelas y, por tanto, sobre los resultados financieros. Por
desgracia, la multitud de factores que intervienen durante una campaña
enmascara el juicio sobre la bondad o no de las intervenciones de poda
practicadas tiempo atrás.
Asimismo, en la etapa de plena
producción se hace necesario concretar los objetivos a nivel de definir
la cosecha que se quiere alcanzar en cada campaña. Esta información
vendrá dada por el potencial productivo de la variedad y el estado
general de los árboles, así como por la previsión del destino final
de la producción y sus requerimientos de calidad; esto último
determinará en gran parte la estrategia global de todas las
actuaciones, entre ellas la poda.
Es necesario definir la estrategia
de poda no sólo a nivel de especie, sino a nivel varietal. Para ello es
preciso conocer perfectamente los tipos de ramos vegetativos y fructíferos,
la respuesta a los cortes y arqueamientos, y, en definitiva, los hábitos
de fructificación más usuales de cada variedad.
Control de carga
Otro aspecto, abordable en algunas
especies, como el melocotonero y, posiblemente, el ciruelo japonés, es
la definición precisa de la carga productiva final mediante la poda y
el posterior aclareo manual. Son ya bastantes las explotaciones que
definen la poda en base al establecimiento de una cantidad de ramos
mixtos por árbol y con determinado número de frutos por ramo. Así, la
actuación del podador se atiene a dejar en cada árbol, de forma
equilibrada, un número determinado de ramos, para asentar el número
definitivo de frutos esperados en recolección. Definido el calibre
esperado del fruto y su peso equivalente, para la variedad cultivada, no
resulta difícil precisar unas órdenes de poda y de aclareo que serán,
cuando menos, controlables, y por tanto podrán ser gestionadas en
cuanto a velocidad de ejecución y a calidad de trabajo realizado.
En otras especies como manzano,
peral, y cerezo no es posible aplicar una metodología tan precisa por
la dificultad de conocer previamente el número de flores en el árbol y
por la errática propia del cuajado. Sin embargo, realizando una
estimación del número medio de yemas fructíferas, o de ramilletes de
mayo en el caso del cerezo, tendremos una idea del potencial productivo
del árbol, lo que constituye una valiosa herramienta de análisis para
discernir la intensidad de poda a aplicar, según los objetivos
predefinidos.
El control del vigor con la
poda
El vigor de la ramificación en un
árbol se debe, además de a las características propias del material
vegetal (variedad/patrón) y a su estado nutricional, a la posición de
ramas y ramos y al equilibrio entre vegetación y producción. Luego la
poda sólo puede hacer correcciones en el vigor del árbol, al permitir
vigorizar unas zonas y reducir los crecimientos en otras.
Es frecuente que en árboles
adultos proliferen los ramos vigorosos en la parte alta, y que para
detener el crecimiento del árbol se hagan podas de rebaje drásticas y
supresión de todos los ramos vigorosos, con lo que sólo se consigue la
emisión, de nuevo, de chupones a partir de la zona basal de los ramos
suprimidos y de las ramas subyacentes.
Esta respuesta sólo se corregiría,
por una parte, en base a eliminar completamente ramas estructurales
sobrantes para crear "ventanas" importantes de entrada de luz
y, por otra parte, dejando ramos superiores sin cortar, tratando de
asentar en ellos fructificación, con la ayuda también de poda de
verano. Repitiendo esta operación y favoreciendo el desarrollo
vegetativo de las partes bajas del árbol (posiblemente deprimidas y
desequilibradas) se lograría establecer, en cierto modo, el equilibrio
del árbol en lugar de empeorarlo.
Los perales y algunas variedades
de manzano, como las Reinetas soportan bien intervenciones severas, pero
las especies de hueso soportan mal las heridas grandes originadas por
los cortes de la poda en las ramas. Sin embargo, el melocotonero permite
correcciones fuertes mucho mejor que otras especies, al conseguir rápidamente
una nueva estructura productiva del árbol.
La poda debe ser una operación
anual para evitar el desarrollo de ramas mal posicionadas,
envejecimiento de las zonas productivas, además de la vecería en la
planta. La poda de verano puede resultar muy eficaz para controlar el
exceso de ramos vigorosos en el árbol, recomendando siempre la supresión
total de los mismos, si no van a ser aprovechados luego en la poda de
invierno.
Operaciones de poda
Multitud de ocasiones se ha
discutido la conveniencia o no de realizar cortes de rebajes (despuntes,
terciados, etc.) en los ramos, o bien suprimirlos. Igualmente, se ha
discutido si las ramas de dos o más años deben rebajarse dejando un
determinado ramo vegetativo o fructífero en la nueva posición
terminal. Pues bien, al respecto, decir que cada variedad, y luego cada
árbol en particular, requiere en mayor o menor grado uno u otro tipo de
intervención. El buen podador debe conocer cuáles son estas
necesidades, según la variedad que esté podando y los objetivos
perseguidos. Lo que nunca debe hacerse es realizar de forma matemática
un único tipo intervención, esto puede llevarnos a grandes desastres,
sobre todo sí, además, no se conocen los hábitos de fructificación y
el comportamiento de la variedad.
Por ejemplo, la poda de
fructificación realizada en un peral de la variedad Blanquilla diferirá
considerablemente de la realizada en las variedades Limonera y Passa
Crassana. La primera, requerirá un gran control de sus crecimientos y
muy pocos rebajes de ramos, y las segundas, posiblemente requerirán que
se rebajen gran parte de sus ramos para forzar la vegetación.
En cuanto al mantenimiento de la
estructura general del árbol, será necesario conocer también la
respuesta de las variedades frente a las diferentes actuaciones sobre la
misma, sin olvidar la prioridad productiva para las plantaciones que se
encuentren en dicha fase, según ya se ha comentado anteriormente. La
eliminación de ramas completas podrá estar plenamente justificada en
vistas a favorecer la mayor iluminación de la zona interior. Los
rebajes acusados y la renovación de ramas fructíferas que en algunas
variedades serán imprescindibles para su rejuvenecimiento, en otras serán
contraindicados, prefiriendo sólo despuntes con desvíos.
Poda mecánica
En la actualidad existen varios
tipos de máquinas que se usan, de forma más o menos habitual, en la
poda de frutales. Su eficacia depende del tipo de máquina y de la forma
y tamaño de los arboles, la pericia de los operarios y el grado de
definición de la intervención a realizar por parte del productor o técnico.
| Frecuentemente se achaca un
defecto grave a la mecanización de la poda: la falta de selectividad en
el corte. La forma indiscriminada en que se realiza el corte estimula el
crecimiento de chupones y favorece los desequilibrios, provoca
crecimientos en las zonas periféricas y debilita las interiores por
falta de intervención. Asumiendo que en la mayoría de las ocasiones se
producen tales problemas, también deberemos aceptar que la poda mecánica
no va a ser una solución única y será necesario prever una intervención
manual correctiva de los probables defectos que surgirán al aplicar
este tipo de tecnología. La única limitación será de índole económica
y deberemos realizar un análisis de costes para determinar el interés
de la operación.
Sin embargo, el grado de éxito
depende también de otros factores: el tamaño y estructura de la
planta, como unos de los más importantes. El corte mecánico en
sistemas de formación basados en planos, como las palmetas, puede ser más
eficiente que el realizado en formas con una estructura tridimensional más
desarrollada, con más ramas estructurales dispuestas transversalmente a
la línea de plantación. A la vez, el incremento de volumen del árbol
reducirá, de forma inversa, la conveniencia de poda mecánica, al ser
necesaria la intervención, mayoritariamente, en puntos inaccesibles a
los dispositivos de corte. El éxito de la poda mecánica se asocia, la
mayoría de las veces, a una forma adecuada de los árboles al equipo
empleado. |
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Otro factor que influye en el éxito
de la poda mecánica se relaciona con los hábitos vegetativos de la
especie y de la variedad; así, el corte mecánico puede favorecer la
vegetación en las zonas altas en detrimento de las bajas, con el
consiguiente desequilibrio de la planta; o bien, en especies y
variedades con tendencia a asentar fructificación sobre ramas jóvenes,
la poda mecánica puede afectar notablemente a la capacidad de reemplazo
de órganos fructíferos de la plantación.
Otros factores a considerar están
vinculados al propio diseño de la maquinaria. El mecanismo de corte es
decisivo para garantizar la limpieza de las heridas y la posterior
cicatrización de las mismas. El grado de maniobrabilidad del mecanismo
garantizará la mayor o menor capacidad de adaptación a la forma de los
árboles.
La respuesta a la poda mecánica,
en general, no es compatible con la producción de fruta de alta calidad
para el mercado de consumo en fresco, debido, básicamente, a la
dificultad en el control de los factores mencionados.
La tendencia actual de las
explotaciones que utilizan este tipo de equipos de poda se dirige,
generalmente, hacia el uso de las maquinas como prepodadoras, con
intervenciones limitadas a las partes altas del árbol, donde es más
costosa la operación realizada de forma manual, y donde la luz, además,
no es un factor limitante, permitiendo una recuperación rápida de la
vegetación y de la capacidad productiva. La labor se completa mediante
la poda manual.
Precauciones básicas
Por último, aunque parezca
elemental y redundante, cabe hacer hincapié en algunas operaciones y
precauciones que siempre deben tenerse en cuenta a la hora de podar,
pero que muy pocas veces son seguidas sistemáticamente por los
podadores. Son las siguientes:
• Cambiar la hoja de la tijera
si está plana o tiene la curvatura irregular.
• Afilar la hoja con una piedra
del grano fino y engrasar el pasador de sujeción. Esto hará que los
cortes sean más limpios y fáciles de realizar; además, puede prevenir
la tendinitis si se utilizan tijeras manuales.
• Revisar los mecanismos de
seguridad de las tijeras, así como el estado de los elementos de todo
el equipo, de cara a la seguridad en el trabajo de los podadores.
• Mantener limpias las tijeras y
los serruchos para facilitar el corte, así como desinfectarlos al pasar
de una parcela a otra con diferentes variedades, o bien después de la
poda de árboles enfermos o sospechosos de estar virosados. Téngase en
cuenta, por ejemplo, el grave riesgo que supone la extensión del
"fuego bacteriano", recientemente introducido en nuestras
plantaciones.
• En el caso de máquinas de
poda mecánica, mantener los discos en perfecto estado de corte y
cumplir las condiciones de mantenimiento y seguridad.
En resumen, decir que la poda es
una actividad importante que debe planificarse de forma exhaustiva cada
año, según las necesidades de la plantación y los objetivos
productivos fijados, y que no consiste sólo en cortar ramas y ramos en
los árboles, sino que debe ejecutarse según criterios técnicos
rigurosos.
Artículo publicado
completo (con fotos) en Vida rural nº 98. 1 de diciembre de 1999
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