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Por sugerencia de Onésimo reproducimos este interesante y realista artículo para que todos lo podamos leer. Creo que la mayoría nos identificaremos con él.
(Publicado en el Diario de León el 9 de Marzo de 2003.)
Hace 43 años, los maestros de Valdefuentes recompensaban a todos los niños que no pronunciaran palabras leonesas, como «tiva», «brano» o «gordón»
Emilio Gancedo LEÓN.
Desde hace unos meses, la Consejería de Juventud del Ayuntamiento de León
ofrece a toda la población leonesa la posibilidad de «apadrinar»
palabras del dominio lingüístico asturleonés que han caído en desuso
para evitar que se pierdan definitivamente. Miles de términos que
nuestros abuelos oyeron diariamente como tiva (arado), fayuco (hayuco),
andancio (enfermedad), afalagar (acariciar) o falispas (chispas del
fuego) han dejado ya de oírse a causa de la despoblación del campo, el
bombardeo informativo de los medios de masas y la absoluta falta de
valoración, por parte de las autoridades e instituciones, de la lengua
o dialecto leonés como patrimonio cultural propio e irrepetible. El
funcionamiento de este apadrinamiento es muy sencillo: cada persona
elige la palabra que desee, y acude a la Concejalía de Juventud, donde
se comprueba que nadie más la ha elegido antes, y que el término
pertenece, efectivamente, a la lingüística asturleonesa. Entonces se
le entrega un diploma con la etimología de la palabra, por el que la
persona se compromete a emplearla asiduamente en sus conversaciones y
dotarla, así, de una nueva vida.
Pues bien, resulta chocante el hecho de que, hace sólo cuarenta años, esas mismas palabras que ahora se quiere proteger y divulgar, fueran tan duramente «perseguidas» por las autoridades educativas de la época, en la creencia de que ese modo de expresarse era incorrecto y propio de un estado social inferior. Así, por ejemplo, los maestros de la localidad leonesa de Valdefuentes del Páramo redactaron, en 1960, un bando por el que se «recompensaba» a los niños que cambiasen su léxico «pueblerino» por uno más acorde con un «recto» idioma castellano. Y las recompensas no eran moco de pavo: hasta 300 y 400 pesetas (toda una fortuna para un rapaz de la época) por no emplear palabras como, por ejemplo, emburriar y sí decir, en cambio, empujar. El bando incluía listas de palabras; si el niño o niña eliminaba todas los vocablos de una lista completa, el premio era mayor. Es cierto que en esas listas existen términos castellanos que realmente están mal dichos en ese idioma -aunque se expresen así, popularmente, en buena parte de León-, como olmada por almohada, etc; pero muchos otros entran dentro del ámbito de lo dialectal. Por otra parte, siempre se supo que estas censuras habían existido, de continuo, desde principios del siglo XX en las escuelas del campo leonés, «pero nunca se había encontrado un documento que lo confirmase», dice Diego José González, profesor de Leonés en la Concejalía de Juventud. Ahora, el hallazgo de este impreso por parte de uno de sus alumnos, José Luis Fuentes, así lo confirma y certifica. Pero además, llama la atención el que no se trate de una escuela de Ribas del Sil, Laciana ni de la Cepeda, sino del Páramo; lo cual, teniendo en cuenta la fuerte «dotación económica» de los premios, nos indica que la presencia de términos del dialecto en esta comarca del Sur de la provincia era muy amplia, quizá más de lo que pensamos. Hoy en día, en la comunidad asturiana es muy frecuente encontrarse en las puertas de los comercios rótulos del tipo emburrie-empuje o espurrie-estire, y a nadie parece sorprenderle, pero en León parece que realmente calaron aquellos intentos educativos que hacían creer a los chavales de la época que su forma de hablar era propia de «paletos». De hecho, hoy, aunque la mentalidad esté cambiando, aún mucha gente cree que el uso de este vocabulario en público resulta vergonzoso, cuando realmente es tan digno como el de cualquier otra lengua. ************************************** ************************************** |
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