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Riesgos
Ambientales de los Cultivos Transgénicos:
Una evaluación Agroecológica
Miguel Altieri
Universidad de California,
Berkeley
Introducción
La ingeniería genética es una aplicación de la biotecnología que
involucra la manipulación de ADN y el traslado de genes entre especies
para incentivar la manifestación de rasgos genéticos deseados (OTA
1992). Aunque hay muchas aplicaciones de la ingeniería genética en la
agricultura, el enfoque actual de la biotecnología está en el desarrollo
de cultivos tolerantes a herbicidas, así como en cultivos resistentes a
plagas y enfermedades. Corporaciones Transnacionales (CTNs) como Monsanto,
DuPont, Norvartis, etc., quienes son los principales proponentes de la
biotecnología, ven los cultivos transgénicos como una manera de reducir
la dependencia de insumos, tales como pesticidas y fertilizantes. Lo irónico
es que la biorevolución esta siendo adelantada por los mismos intereses
que promovieron la primera ola de agricultura basada en agroquímicos, pero
ahora, equipando cada cultivo con nuevos "genes insecticidas,"
prometen al mundo pesticidas más seguros, reduciendo la agricultura químicamente
intensiva y a la vez haciéndola más sustentable.
Siempre que los cultivos transgénicos sigan estrechamente el paradigma
de los pesticidas, los productos biotecnológicos reforzaran el espiral de
los pesticidas en los agroecositemas, legitimando así las preocupaciones
que tantos científicos han expresado con respecto a los posibles riesgos
medioambientales de organismos genéticamente modificados. De acuerdo a
varios autores, los riesgos ecológicos más serios que presenta el uso
comercial de cultivos transgénicos son (Rissler y Mellon 1996; Krimsky y
Wrubel 1996):
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La expansión de los
cultivos transgénicos amenaza la diversidad genética por la
simplificación de los sistemas de cultivos y la promoción de la
erosión genética; |
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La potencial transferencia
de genes de Cultivos Resistentes a Herbicidas (CRHs) a variedades
silvestres o parientes semidomesticados pueden crear supermalezas; |
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CRHs voluntarios se
transformarían subsecuentemente en malezas; |
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El traslado horizontal
vector-mediado de genes y la recombinación para crear nuevas razas
patogénicas de bacteria; |
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Recombinación de vectores
que generan variedades del virus mas nocivas, sobre todo en plantas
transgénicas diseñadas para resistencia viral en base a genes vírales; |
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Las plagas de insectos
desarrollarán rápidamente resistencia a los cultivos que contienen
la toxina de Bt; |
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El uso masivo de la toxina
de Bt en cultivos puede desencadenar interacciones potencialmente
negativas que afecten procesos ecológicos y a organismos benéficos. |
Los impactos potenciales de la biotecnología agrícola se evalúan aquí
dentro del contexto de metas agroecológicas que apuntan hacia una
agricultura socialmente mas justa, económicamente viable y ecológicamente
apropiada (Altieri 1996). Tal evaluación es oportuna dado que a nivel
mundial han habido más de 1,500 aprobaciones para pruebas de campo de
cultivos transgénicos (el sector privado ha solicitado el 87% de todas
las pruebas de campo desde 1987), a pesar del hecho que en la mayoría de
los países no existen regulaciones estrictas de bioseguridad para tratar
con los problemas medioambientales que pueden desarrollarse cuando plantas
diseñadas por ingeniería genética son liberadas en el ambiente (Hruska
y Lara Pavón 1997). La preocupación principal es que la presiones
internacionales para ganar mercados y aumentar las ganancias están
empujando a las compañías a que liberen cultivos transgénicos demasiado
rápido, sin consideración apropiada de los impactos a largo plazo en las
personas o en el ecosistema (Mander y Orfebre 1996).
Actores y Direcciones de la Investigación
La mayoría de las innovaciones en biotecnología agrícola están
orientadas por la búsqueda de ganancias en lugar de la búsqueda de una
respuesta a las necesidades humanas, por consiguiente el énfasis de la
industria de la ingeniería genética realmente no es resolver los
problemas agrícolas, sino el incremento de la rentabilidad. Esta
aseveración es apoyada por el hecho que por lo menos 27 corporaciones han
comenzado investigaciones sobre plantas tolerantes a los herbicidas,
incluyendo a las ocho más grandes compañías de pesticidas del mundo,
Bayer, Ciba-Geigy, ICI, Rhone-Poulenc, Dow/Elanco, Monsanto, Hoescht y
DuPont, y virtualmente todas las compañías de semillas, muchas de las
cuales han sido adquiridas por compañías químicas (Gresshoft 1996).
En los países industrializados, de 1986 - 1992 el 57% de todos los
ensayos de campo para probar cultivos transgénicos involucraron
tolerancia a los herbicidas, y el 46% de solicitantes al USDA para pruebas
de campo fueron compañías químicas. Cultivos actualmente diseñados
para la tolerancia genética a uno o más herbicidas incluyen: alfalfa,
canola, algodón, maíz, avena, petunia, papa, arroz, sorgo, soja,
remolacha, caña de azúcar, girasol, tabaco, tomate, trigo y otros. Está
claro que creando cosechas resistente a sus herbicidas, una compañía
pueden extender los mercados de sus productos químicos patentados. El
mercado para CRHs se ha estimado en más de $500 millones para el año
2000 (Gresshoft 1996).
Aunque algunas pruebas son conducidas por universidades y
organizaciones de investigación avanzadas, la agenda de investigación de
tales instituciones es cada vez más influenciada por el sector privado.
El 46% de empresas de biotecnología apoyan la investigación biotecnológica
en las universidades, mientras 33 de los 50 estados en USA tienen centros
universidad-industria para la transferencia de biotecnología. El desafío
para tales organizaciones públicas no sólo será el asegurar que los
aspectos ecológicamente apropiados de la biotecnología se investiguen
(tales como fijación de N, tolerancia a la sequía, etc.), sino también
supervisar y controlar cuidadosamente la provisión de conocimiento
aplicado de libre propiedad al sector privado, para garantizar que tal
conocimiento continúe en el dominio público para el beneficio de toda la
sociedad.
Biotecnología y Agrobiodiversidad
Aunque la biotecnología tiene la capacidad de crear una variedad mayor
de plantas comerciales, las tendencias actuales de las CTNs son abrir
amplios mercados internacionales para un solo producto, creando así las
condiciones para la uniformidad genética en el paisaje rural. Además, la
protección de patentes y los derechos de propiedad intelectual apoyados
por el GATT, inhiben a los agricultores de re-usar, compartir y almacenar
sus semillas aumentando así la posibilidad de que pocas variedades
lleguen a dominar el mercado de semillas. Aunque un cierto grado de
uniformidad de los cultivos puede tener ciertas ventajas económicas,
tiene dos inconvenientes ecológicos. Primero, la historia ha mostrado que
una gran área cultivada con un solo cultivo es muy vulnerable a un nuevo
patógeno o plaga. Y, segundo, el uso extendido de un solo cultivo lleva a
la pérdida de la diversidad genética (Robinson 1996).
Evidencias de la Revolución Verde no dejan ninguna duda que la difusión
de variedades modernas ha sido una importante causa de la erosión genética,
cuando las campañas gubernamentales masivas animaron a los agricultores a
adoptar variedades modernas empujándoles a abandonar muchas variedades
locales (Tripp 1996). La uniformidad causada por el aumento del área de
cultivo de un número más pequeño de variedades es una fuente de riesgo
para los agricultores, cuando las variedades modernas son más vulnerables
a enfermedades y al ataque de plagas y cuando estas se desarrollan
pobremente en ambientes marginales (Robinson 1996).
Todos los efectos anteriores no son únicas a las variedades modernas y
se espera que, dada su naturaleza monogénica y la rápida expansión del
área bajo su cultivo, los cultivos transgénicos solo exacerbarán estos
efectos.
Problemas Ambientales de los Cultivos Resistentes a los Herbicidas
Según los defensores de CRHs, esta tecnología representa una innovación
que permite a los agricultores simplificar sus requisitos de manejo de
malezas, reduciendo el uso de herbicidas a situaciones de post-emergencia
usando un solo herbicida de amplio-espectro que se descomponga
relativamente rápido en el suelo. Herbicidas candidatos con tales
características incluyen Glyphosate, Bromoxynil, Sulfonylurea,
Imidazolinones entre otros.
Sin embargo, en realidad el uso de cultivos resistentes a los
herbicidas probablemente aumentara el uso de herbicidas así como los
costos de producción. También es probable que cause serios problemas
medioambientales.
Resistencia a Herbicidas
Esta bien documentado que cuando un solo herbicida es usado
repetidamente sobre un cultivo, las oportunidades de que se desarrolle
resistencia al herbicida en la población de malezas se incrementa. (Holt
y otros 1993). Las sulfonylureas y los imidazolinones son particularmente
propensos a la evolución rápida de malezas resistentes y se conocen
hasta catorce especies de malezas que presentan resistencia a los
herbicidas del sulfonylurea. Cassia obtusifolia una maleza agresiva
en la soja y el maíz en el sudeste de los EE.UU. ha exhibido resistencia
a los herbicidas del imidazolinone (Goldburg 1992).
El problema es que dada la presión de la industria para aumentar las
ventas de herbicidas, la superficie tratada con herbicidas de amplio
espectro se extenderá, exacerbando el problema de resistencia. Por
ejemplo, se ha proyectado que la superficie tratada con Glyphosate
aumentará a casi 150 millones de acres. Aunque el Glyphosate es
considerado menos propenso para desarrollar resistencia, el aumentado en
el uso del herbicida producirá resistencia en malezas, aunque más
lentamente, como se ha documentado en poblaciones de ryegrass anual,
quackgrass, birdsfoot trefoil y especies de Cirsium (Agalla 1995).
Impactos Ecológicos de los Herbicidas
Las compañías afirman que el Bromoxynil y el Glyphosate, cuando son
propiamente aplicados se degradan rápidamente en el suelo, no se acumulan
en las aguas subterráneas, no tienen efectos en organismos y no dejan
residuos en los alimentos. Hay, sin embargo, evidencia de que el
Bromoxynil causa defectos de nacimiento en animales de laboratorio, es tóxico
a los peces y puede causar cáncer en humanos. Debido a que el Bromoxynil
es absorbido por vía dermatológica, y porque causa defectos de
nacimiento en roedores, es probable que presente riesgos a los
agricultores y obreros del campo. Similarmente se ha reportado que el
Glyphosate puede ser tóxico para algunas especies invertebradas que
habitan en el suelo, incluyendo a predadores benéficos como arañas y
carabidos y especies detritivoras como lombrices de tierra, y también
para los organismos acuáticos, incluso los peces (Pimentel y otros 1989).
En la medida que estudios verifican la acumulación de residuos de este
herbicida en las frutas y tubérculos, al sufrir poca degradación metabólica
en las plantas, emergen también preguntas sobre la seguridad de los
alimentos con trazas de estos herbicidas.
Creación de "Super Malezas"
Aunque existe la preocupación que los cultivos transgénicos se puedan
convertir a su ves en malezas, el mayor riesgo ecológico es que
liberaciones a gran escala de cultivos transgénicos pueden resultar en el
flujo de transgenes de los cultivos a otras plantas silvestres que
entonces pueden transformarse en malezas (Darmency 1994). El proceso biológico
que preocupa aquí es la introgresión, es decir, la hibridación entre
especies de diferentes plantas. La evidencia indica que tales intercambios
genéticos entre malezas silvestres y cultivos ya ocurren. La incidencia
de shattercane (Sorghum bicolor), una maleza emparentada con el
sorgo y el flujo genético entre el maíz y el teosinte demuestran el
potencial de los cultivos emparentados a volverse serias malezas. Esto es
preocupante dado que varios cultivos en los Estados Unidos son cultivados
en proximidad con sus parientes sexualmente compatibles. Hay también
cultivos que crecen en las proximidades de malezas silvestres que no son
parientes íntimos pero pueden tener algún grado de compatibilidad
cruzada tales como los cruces de Raphanus raphanistrum X R. sativus
(rábano) y de Sorghum halepense X maíz sorgo (Radosevich y otros
1996).
Reducción de la Complejidad del Agroecosistema
La remoción total de malezas vía el uso de herbicidas de
amplio-espectro puede llevar a impactos ecológicos indeseables, dado que
se ha documentado que un nivel aceptable de diversidad de malezas en los
alrededores o dentro de los campos de cultivo puede jugar un papel ecológico
importante, tal como la estimulación del control biológico de plagas, o
la mejora de la cobertura protectora contra la erosión del suelo, etc. (Altieri
1994).
Lo mas probable es que los CRHs refuercen el monocultivo al inhibir las
rotaciones y los policultivos ya que la diversificación es imposible si
se usan cultivos susceptibles a los herbicidas combinados con los CRHs.
Tales agroecosistemas empobrecidos en su diversidad vegetal proveen las
condiciones óptimas para el crecimiento libre de malezas, insectos y
enfermedades dado que muchos nichos ecológicos no están siendo ocupados
por otros organismos. Es más, los CRHs a través del incremento de la
efectividad del herbicida, podrían reducir aun mas la diversidad vegetal,
favoreciendo cambios en la composición y abundancia de la comunidad de
malezas, favoreciendo especies competitivas que se adaptan a un
amplio-espectro de tratamientos de post-emergencia (Radosevich y otros
1996).
Riesgos Ambientales de los Cultivos Resistentes a Insectos
Resistencia
Según la industria, los cultivos transgénicos insertados con genes de
Bt prometen reemplazar el uso de insecticidas sintéticos en el control de
plagas de insectos. Puesto que la mayoría de los cultivos tienen una
diversidad de plagas de insectos, insecticidas todavía tendrán que ser
aplicados para controlar plagas diferentes a los Lepidoptera que son los
susceptibles a la endotoxina expresada por el cultivo (Gould 1994).
Por otro lado, se tiene conocimiento de que varias especies de
Lepidoptera han desarrollado resistencia a la toxina de Bt en pruebas de
campo y de laboratorio, sugiriendo que los mayores problemas de
resistencia se desarrollan en cultivos transgénicos donde la expresión
continua de la toxina crea una fuerte presión de selección (Tabashnik
1994). Dado que se ha aislado una diversidad de genes de la toxina Bt, los
biotecnologos argumentan que si se desarrolla resistencia pueden usarse
formas alternativas de la toxina Bt (Kennedy y Whalon 1995). Sin embargo,
dado que es probable que los insectos desarrollen resistencia múltiple o
resistencia cruzada, tal estrategia también esta condenada al fracaso (Alstad
y Andow 1995).
Basándose en experiencias pasadas con pesticidas, otros han propuesto
planes de manejo de la resistencia con cultivos transgénicos, tales como
el uso de mezclas de semilla y refugios (Tabashnik 1994). Además de
requerir la difícil tarea de una coordinación regional entre
agricultores, los refugios han presentado un éxito pobre con los
pesticidas químicos, debido al hecho que las poblaciones de insectos no
están restringidas a un agroecosistema cerrado, y los insectos que entran
están expuestos a cada vez mas bajas dosis de la toxina en la medida que
el pesticida se degrada (Leibee y Capinera 1995).
Impactos Sobre Otros Organismos
Conservando la población de plagas a niveles sumamente bajos, los
cultivos de Bt pueden hambrear a los enemigos naturales en la medida que
estos insectos benéficos necesitan una cantidad pequeña de presa para
sobrevivir en el agroecosistema. Los insectos parásitos serían los
mayormente afectados porque ellos son más dependientes de hospederos
vivos para su desarrollo y supervivencia, mientras que algunos predadores
podrían teóricamente alimentarse de presas muertas o agonizantes.
Los enemigos naturales también podrían afectarse directamente a través
de las interacciones a niveles intertroficos. Evidencias en estudios
realizados en Escocia sugieren que los áfidos son capaces de secuestrar
la toxina del cultivo Bt y transferirla a sus predadores (coccinélidos),
a su vez afectando la reproducción y la longevidad de los coccinélidos
benéficos (Birch y otros 1997). El secuestro de sustancias químicas
secundarias de las plantas por herbívoros, quienes luego afectan el
comportamiento de parásitos no es rara (Campbell y Duffey 1979). La
posibilidad de que las toxinas de Bt que se muevan a través de las
cadenas alimenticias presenta serias implicaciones para el control biológico
natural en agroecosistemas.
Las toxinas de Bt pueden incorporarse al suelo a través del material
vegetal que se descompone, pudiendo persistir durante 2-3 meses, resistiéndose
a la degradación ligándose a las partículas de arcilla mientras
mantienen la actividad de la toxina (Palm y otros 1996). Tales toxinas de
Bt que terminan en el suelo y el agua proveniente de los desechos de
cultivos transgénicos puede tener impactos negativos en los organismos
del suelo y en los invertebrados acuáticos así como en el proceso de
reciclaje de nutrientes (James 1997). Todos estos aspectos merecen una
investigación mas seria.
Efectos Río Abajo
Una efecto medioambiental mayor, como resultado del uso masivo de la
toxina de Bt en algodón u otro cultivo ocupando una inmensa superficie
del paisaje agrícola, es que agricultores vecinos con cultivos diferentes
al algodón, pero que comparten complejos similares de plagas, puede
terminar con poblaciones de insectos resistentes colonizando sus campos.
Es posible que plagas de Lepidoptera que desarrollan resistencia al Bt en
algodón, se mueven a los campos adyacentes donde los agricultores usan Bt
como un insecticida microbiano, dejando así a los agricultores indefensos
contra tales plagas, en la medida que ellos pierden su herramienta de
control biológico (Gould 1994). ¿Quién sería responsable por tales pérdidas?
Impactos de los Cultivos Resistentes a Enfermedades
Algunos científicos han intentado diseñar plantas resistentes a
infecciones patogénicas incorporando genes para productos vírales dentro
del genoma de las plantas. Aunque el uso de genes para la resistencia a
virus en cultivos tiene beneficios potenciales, hay algunos riesgos. La
recombinación entre el ARN del virus y un ARN viral dentro del cultivo
transgénico podría producir un nuevo patógeno que lleve a problemas de
enfermedad más severos. Algunos investigadores han mostrado que
recombinaciones ocurren en plantas transgénicas y que bajo ciertas
condiciones se puede producir una nueva raza viral con un rango alterado
de huéspedes (Steinbrecher 1996).
La posibilidad que las plantas transgénicas resistentes a virus pueden
ampliar el rango de hospederos de algunos virus o pueden permitir la
producción de nuevas razas de virus a través de la recombinación y/o la
transcapsidación exigen una investigación experimental cuidadosa (Paoletti
y Pimentel 1996).
El Comportamiento de los Cultivos Transgénicos Liberados
Hasta principios de 1997, trece cultivos genéticamente modificados habían
sido desregulados por el USDA, apareciendo por primera vez en el mercado o
en los campos. En 1996 más del 20% de la superficie cultivada de soja en
los Estados Unidos fue sembrada con soja tolerante al Round-up y cerca de
400,000 acres se sembraron con maíz de Bt maximizado. Esta superficie se
extendió considerablemente en 1997 (algodón transgénico: 3.5 millones
de acres, maíz transgénico: 8.1 millones de acres y soja: 9.3 millones
de acres) debido a acuerdos de mercadeo y distribución entre
corporaciones y mercaderes (por ejemplo Ciba Seeds con Growmark y Mycogen
Plant Sciences con Cargill).
¿Dada la velocidad con qué los productos se mueven del laboratorio a
la producción del campo, están los cultivos transgénicos respondiendo a
las expectativas de la industria de la biotecnología? Según evidencia
presentada por la Union of Concerned Scientists, hay ya signos de que el
uso a escala comercial de algunos cultivos transgénicos presenta riesgos
ecológicos serios y no responde a las promesas de la industria (Tabla 1).
El aparente comportamiento resistente del bellotero en el algodón, que
se manifiesta en la capacidad del herbívoro de encontrar áreas del
tejido de la planta con bajas concentraciones de Bt, nos lleva a
preguntarnos hasta que punto las estrategias de manejo de resistencia que
se han venido adoptando son las adecuadas, pero también nos lleva a
cuestionar la forma en que los biotecnologos subestiman la capacidad de
los insectos para sobreponerse en formas inesperadas a la resistencia genética.
De la misma forma, rendimientos pobres en las cosechas de algodón
resistente al herbicida a causa del efectofitotóxico del Round-up en
cuatro a cinco mil acres en el Delta del Mississippi (New York Times 1997)
apunta a la actuación errática de los CRHs cuando están sujetos a
condiciones agroclimaticas variantes. Monsanto argumenta que esto es un
caso muy pequeño y localizado que esta siendo usado por ambientalistas
para obscurecer los beneficios que la tecnología llevó a un área total
de 800,000 acres. Sin embargo, desde un punto de vista agroecológico este
incidente es bastante significativo y merece una extensa evaluación. Es
incorrecto asumir que una tecnología homogeneizante tendrá un buen
comportamiento en un rango de condiciones heterogéneas.
Conclusiones
La historia de la agricultura nos enseña que las enfermedades de la
plantas, las plagas de insectos y las malezas se volvieron más severas
con el desarrollo del monocultivo, y que los cultivos manejados
intensivamente y manipulados genéticamente pronto pierden su diversidad
genética (Altieri 1994, Robinson 1996). Dado estos hechos, no hay razón
para creer que la resistencia a los cultivos transgénicos no evolucionará
entre los insectos, malezas y patógenos como ha sucedido con los
pesticidas. No importa qué estrategias de manejo de resistencia se usen,
las plagas se adaptarán y superarán las barreras agronómicas (Green y
otros 1990). Las enfermedades y las plagas siempre han sido amplificadas
por los cambios hacia la agricultura homogénea.
El hecho que la hibridación interespecífica, y la introgresión son
comunes a especies tales como: girasol, maíz, sorgo, raps, arroz, trigo y
papas, proveen la base para esperar un flujo de genes entre el cultivo
transgénico y sus familiares silvestres creando así nuevas malezas
resistentes a los herbicidas. A pesar del hecho de que algunos científicos
argumentan que la ingeniería genética no es diferente al mejoramiento
convencional, los críticos de la biotecnología reclaman que la tecnología
del rDNA permite la expresión de nuevos genes exóticos en las plantas
transgeneticas. Estas transferencias de genes están mediadas por vectores
que se derivan de virus y plásmidos causantes de enfermedades, quienes
pueden atravesar las barreras de las especies de tal forma que puedan
transferir genes entre una gran variedad de especies, afectando así a
muchos otros organismos en el ecosistema.
Pero los efectos ecológicos no están limitados a la resistencia de
las plagas y creación de nuevas malezas o tipos de virus. Como se
argumenta aquí, los cultivos transgénicos pueden producir toxinas
medioambientales que se mueven a través de la cadena alimenticia y que
también pueden terminar en el suelo y el agua afectando a invertebrados y
probablemente impactando procesos ecológicos tales como el ciclo de
nutrientes.
Muchas personas han argumentado por la creación de una regulación
apropiada para mediar la evaluación y liberación de cultivos transgénicos
para contrarrestar riesgos medioambientales y demandan una mayor evaluación
y entendimiento de los temas ecológicos asociados con la ingeniería genética.
Esto es crucial en la medida que los resultados que emergen acerca del
comportamiento medioambiental de los cultivos transgénicos liberados
sugieren que en el desarrollo de los "cultivos resistentes", no
sólo deben evaluarse los efectos directos en el insecto o la maleza, sino
también los efectos indirectos en la planta (ej. crecimiento, contenido
de nutrientes, cambios metabólicos), en el suelo y en otros organismos
presentes en el ecosistema.
Otros demandan apoyo continuo para investigaciones agrícolas basadas
en la ecología, en la medida en que todos los problemas biológicos a los
que la biotecnología apunta, pueden resolverse usando aproximaciones
agroecológicas. Los efectos dramáticos de las rotaciones y los
policultivos en la salud de los cultivos y su productividad, así como en
el uso de los agentes del control biológico en la regulación de plagas
han sido repetidamente confirmadas por la investigación científica (Altieri
1994, NRC 1996). El problema es que la investigación en las instituciones
públicas refleja cada vez mas los intereses de los donantes privados a
expensas de la investigación en beneficio publico tal como el control
biológico, sistemas de producción orgánica y técnicas agroecológicas
en general (Busch y otros 1990). La sociedad civil debe exigir una
respuesta de a quién deben servir la universidad y otras instituciones
publicas y demandar mayor investigación en alternativas a la biotecnología.
Hay también una necesidad urgente de desafiar el sistema de patentes y de
derecho de propiedad intelectual intrínseco en el GATT, el cual no
solamente proporciona a las CMNs con el derecho de apropiarse y patentar
los recursos genéticos, pero que también acelerará el ritmo al que las
fuerzas del mercado promueven las practicas del monocultivo con variedades
transgénicas genéticamente uniformes.
Entre las varias recomendaciones para la acción que las ONGs,
organizaciones campesinas y grupos de ciudadanos deben adelantar en los
foros a nivel local, nacional e internacional incluyen:
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Terminar el financiamiento
publico a la investigación en cultivos transgénicos que promuevan el
uso de agroquimicos y que presenten riesgos medioambientales; |
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Los CRHs y otros cultivos
transgénicos deben regularse como pesticidas; |
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Todos los cultivos
alimenticios transgénicos deben etiquetarse como tal; |
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Aumentar el financiamiento
para tecnologías agrícolas alternativas; |
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Sostenibilidad ecológica,
tecnologías alternativas de bajos insumos, las necesidades de los
pequeños agricultores y la salud y nutrición humana deben ser
buscada con mayor rigor que la biotecnología; |
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Las tendencias desatadas
por la biotecnología deben ser equilibradas por políticas públicas
y opciones de los consumidores en apoyo de la sostenibilidad; |
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Medidas deben promover la
sostenibilidad y el uso múltiple de la biodiversidad al nivel de la
comunidad, con énfasis en tecnologías que promuevan la
autosuficiencia y el control local de los recursos económicos como
medios para promover una distribución mas justa de los beneficios |
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Reproducimos
este artículo publicado por “El país” el día 26 de Marzo de 2001
para su divulgación, pensando en el interés, no sólo de nuestros
agricultores (España tiene un importante volumen de cultivo de semillas
genéticamente modificadas) sino también en el de todos los consumidores.
Es importante que todos estemos al día en este tema puntero de nuestra
sociedad.
El rechazo
de los consumidores obliga a las empresas a
sustituir
los ingredientes alterados
JOAQUINA PRADES | Madrid
Las multinacionales de la alimentación han
retirado los alimentos transgénicos del mercado español. Discretamente,
sin dar publicidad a una decisión que implica reconocer que su apuesta
inicial a favor de la comida genéticamente modificada resultó
equivocada, el grupo Nabisco-Royal, Artiach, Oreo, Digesta, Marbú,
Fontaneda, Riera Marsá y Fruco- y otras empresas de menor envergadura han
dejado de fabricar galletas, papillas, sopas y postres dulces con soja o
maíz cuya cadena genética fue manipulada. El rechazo de los consumidores
ha sido la causa.
España habilitó dos laboratorios y aumentó
los controles para inspeccionar lo que se preveía como una avalancha de
comida transgénica a partir de 1998, cuando la Unión Europea autorizó
el uso de maíz y soja genéticamente modificados en la alimentación
humana siempre que se advirtiera en la etiqueta. No hubo tal. Un año
después, el mercado español presentaba una oferta mínima de comida
trans. Entre ella, las galletas Oreo y Artiach y las sopas Campbell's. Dos
años y medio después, han desaparecido del mercado.
El rechazo de los
europeos a los alimentos genéticamente manipulados llevó a algunas
firmas, como Marks&Spencer, a retirarlas de sus supermercados. Otras,
como Gallina Blanca o Nestlé, proclamaron su intención de prescindir de
los transgénicos. El grupo Nabisco y otros de menor presencia en el
mercado optaron por mantenerlos. El comprador español de galletas de esta
firma podía leer en la composición: 'Azúcar, harina de trigo, grasa
vegetal parcialmente hidrogenada, almidón de maíz modificado genéticamente,
dextrosa, lactosuero, limón en polvo, emulgente, huevo en polvo,
gasificantes, aroma y colorantes'. Ahora se lee lo mismo a excepción del
ingrediente transgénico, que ha sido sustituido por 'almidón de trigo'.
Comprobaciones
Sanidad habilitó dos laboratorios en Madrid,
uno en Barajas y otro en el Centro Nacional de Alimentación, dependiente
del Instituto Carlos III, para analizar la composición de los alimentos
transgénicos y comprobar si se ajustaban a la ley. Estas instalaciones
apenas han sido usadas. 'Esperábamos un aluvión', comenta el subdirector
de Salud Pública y Consumo, Ignación Arranz, 'y ha resultado lo
contrario'.
Así lo confirman la
Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB) y la Asociación
de Caldos y Sopas, un sector de uso frecuente de almidón y harina de maíz.
Agustín Roque, secretario de esta asociación, lamenta la retirada de los
transgénicos, porque, entre otras razones, 'le venían muy bien a los
enfermos celiacos [que no pueden consumir gluten]'. 'Qué sé le va a
hacer, el mercado manda, y el español no quiere transgénicos', comenta.
El grupo Nabisco lanzó
simultáneamente partidas de galletas Oreo con ingredientes genéticamente
modificados y otra partida igual con ingredientes tradicionales. La
primera fracasó y la segunda continuó con la alta aceptación que este
producto tiene en el mercado español. Fuentes de la empresa aseguran que
tomaron nota, y ahora resulta prácticamente imposible encontrar alimentos
con la cadena genética manipulada en los comercios españoles. Al menos
nada de ello consta en las etiquetas. ¿Son fiables? El subdirector de
Salud Pública y Consumo contesta con un sí rotundo. 'Llevamos una
vigilancia estricta. Y realizamos muestras al azar frecuentemente. En el
último año sólo hemos encontrado dos productos que sí llevaban transgénicos
y no lo reconocía', comenta. ¿Fueron sancionados estos fabricantes? 'No
podemos responder a eso', añade Ignacio Arranz, 'porque la capacidad
sancionadora corresponde a las comunidades autónomas'.
Una portavoz de FIAB
añade que ninguna firma importante se arriesga a falsear el etiquetado,
por el 'previsible castigo de los consumidores' y también porque 'la
misma competencia vigila el sector'.
La Unión Europea ha
edurecido recientemente la normativa. Ya no basta con anunciar los
ingredientes transgénicos. También se ha de informar al consumidor de
que ninguno de los componentes del alimento
proviene de otros que sí
lo fueron.
Sin embargo, algunos
consumidores pueden extrañarse al encontrar en el supermercado alimentos
en cuya etiqueta se especifica 'patata modificada', como es el caso de la
sopa Vichysoisse de Gallina Blanca, o el 'almidón modificado' en las
natillas instantáneas y las mousses de Royal, o también en las cinco
variedades de sopa preparada de la marca Tallo Verde o en el puré de
hortalizas y el pollo con fideos de Knorr.
Confusión
No son trangénicos.
El Instituto Nacional de Consumo advierte que en ningún caso deben
confundirse con los alimentos manipulados genéticamente. Neus Cotonat, de
Gallina Blanca, aclara que utilizan almidón de patata modificado por
medios químicos, una práctica permitida en España desde 1960. 'No
utilizamos transgénicos. Nuestros estudios de mercado así lo
aconsejaron. Los consumidores no los quieren y Gallina Blanca vive del
consumidor'.
Enrique Roque
explica que la molécula del almidón es demasiado grande para que pueda
ser digerida por el organismo humano. Por esta razón tienen que dividirla
mediante procesos químicos que actúan sobre las enzimas. 'Sabemos que
esta formulación puede crear recelos en el consumidor. En Francia, muchos
clientes creían que el término modificado equivalía a transgénico. La
industria se unió y acabó con el problema. Sustituyeron transformado por
modificado. En España habría que hacer lo mismo', comenta el secretario
de la Asociación de Sopas.
Líderes en
cultivos
Aunque el rechazo del mercado ha llevado a las
empresas de alimentación a retirar los productos transgénicos, España
sigue siendo un país líder en la Unión Europea en el cultivo de
semillas genéticamente modificadas. Un total de 400.000 hectáreas
experimentan con cereales, hortalizas y leguminosas, aunque productores de
Aragón, una comunidad pionera, el País Vasco y Navarra apuntan que se
trata de una actividad a la baja. Los expertos consultados creen que la
producción española se destina a la exportación y, muy especialmente, a
la alimentación de los animales, ya que el pienso no exige aclaraciones
en el etiquetado. Ecologistas en Acción y Greenpeace denuncian que las
condiciones climáticas de España atraen a las dos multinacionales que
controlan el mercado mundial de los transgénicos -Novartis y Monsanto-
para investigar con nuevos productos mutantes, y que el cultivo cruzado
entre transgénicos y tradicionales supone un factor de riesgo. Los
interrogantes sobre esta técnica y sus efectos a corto y largo plazo han
aumentado el recelo de muchos consumidores, desconocedores de qué puede
ocurrir cuando a un organismo vivo se le implantan restos de ADN de otro
ser vivo incluso entre especies distintas; por ejemplo, de un pez a un
tomate, o de un animal a una planta. La respuesta de la comunidad científica
no es unánime. Defensores y detractores argumentan con igual
convencimiento, aunque la constatación de que puede alterar el sistema
inmunológico ha influido en el rechazo de los ciudadanos.
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