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Los alimentos transgénicos han levantado una polvareda de polémica a su
paso por la retina omnipresente de los medios de comunicación. Como
cualquier desarrollo científico que rezuma unas posibilidades inmensas de
dislocación del status quo, ha generado debates de temperatura muy alta,
donde se han mezclado las razones con las sinrazones. Daniel Ramón, del
Departamento de Biotecnología del Instituto de Agroquímica y Tecnología
de los Alimentos, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas
(CSIC), aprovechando la oportunidad que le brindan las IV Jornadas de
Nutrición Práctica, organizadas por Dietecom España en Madrid, se
entrega al abordaje de los alimentos transgénicos con una pregunta
sencilla: ¿son necesarios o no?
"La respuesta a esta pregunta es muy simple: sin duda, pero los
motivos del porqué variarán en función de los países. En los llamados
desarrollados, porque cada día exigimos alimentos que contengan mejores
propiedades nutricionales, sepan mejor y sean más baratos, algo sólo
atacable mediante el empleo de técnicas de ingeniería genética. Y en
los que están en vías de desarrollo porque su empleo puede dar lugar a
incrementos de productividad, que no solventar el problema del hambre,
algo que por desgracia hoy en día ya tiene solución pero no está en el
ámbito científico, sino en el de la política", advierte Ramón.
Milagros tecnológicos
Los tomates que tardan seis semanas en pudrirse en la nevera, las patatas
que vacunan contra el cólera, las ovejas que producen leche de composición
nutricional similar a la humana, o levaduras que incrementan el aroma
afrutado del vino... Todo es posible. Se ha abierto la veda para poder
fabricar menús de diseño que se adapten a las peculiaridades de cada
metabolismo y a las veleidades de las voluntades más caprichosas.
"Con frecuencia, sobre todo en Europa, el consumidor piensa que los
únicos alimentos transgénicos son la soja y el maíz. Nada más lejos de
la realidad. Hasta la fecha se han comercializado en todo el mundo más de
50 alimentos transgénicos, y se calcula que existen entre 250 y 300 más,
bien en últimas fases de experimentación o bien en primeras fases de
solicitud de permiso de comercialización".
Para tranquilidad del consumidor, aunque los transgénicos parezcan un
tema confuso, esa confusión no se transfiere a la legislación.
"Existe una amplia legislación que regula el trabajo y la
comercialización con alimentos transgénicos. En España, la Ley 15/1994
regula la experimentación con este tipo de productos, es más, existen
artículos específicos del nuevo Código Penal que castigan a los
investigadores que produzcan riesgos sanitarios o medioambientales al
trabajar con estos desarrollos".
Ramón recuerda que la comercialización de los alimentos modificados genéticamente
está controlada en Europa por el Reglamento CE N 258/97 que dispone
todos los pasos administrativos relativos a la evaluación sanitaria y el
etiquetado".
Todo para garantizar la salud de los consumidores y tranquilizar sus
conciencias que, por otra parte, varían mucho dependiendo de su origen
geográfico. "En Estados Unidos, Canadá y Australia (los países
donde mayor numero de estos alimentos se comercializan) no hay ninguna
reticencia a su consumo; por el contrario, en Europa hay todo un debate
abierto que cobra mayor intensidad en Austria, Alemania, Inglaterra y
Francia".
Posición estándar
A pesar de las discrepancias que suscita opinar sobre los alimentos genéticamente
modificados, en las estadísticas se puede excavar hasta encontrar cuál
sería la actitud estándar del consumidor internacional ante la innovación
transgénica. "En general, en casi todas las encuestas se detecta una
mayor aceptación de los alimentos transgénicos de origen vegetal o
fermentado (frente a los de origen animal), así como una menor aceptación
de aquéllos en los que la modificación favorece al productor y no al
consumidor. Los encuestados tienen una opinión mayoritaria favorable al
etiquetado".
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